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Entrevista

Rubén Acevedo, defensor incondicional del canto nuestro

Por · agosto 13, 2026

Rubén Acevedo, defensor incondicional del canto nuestro

Parece que fue ayer, pero el tiempo ha transcurrido y el dolor de su partida persiste con la fuerza de su ausencia en todos aquellos que tuvimos el privilegio de ser sus amigos y de quererlo. Como él dijera, tan corazonalmente, Rubén Eduardo Acevedo, nuestro Rubito, nuestro poeta, el amigo eterno anfitrión de todos los artistas de acá y de afuera. Rubito con su personalidad única. Enamorado eterno de sus noches luneras, enamorado del amor pero fundamental e indiscutiblemente fiel enamorado de las cosas nuestras, del canto nacional, de su Olimar y su monte.

De las noches de festival a las cuales ni lluvias ni fríos le impedían estar acompañando a los artistas, subirse al escenario especialmente invitado por alguno o algunos de ellos a recitar con su voz única, inconfundible, modulando sus matices, atrapando la atención del público y su emoción.

Era su gran y anhelado sueño la guitarra olimareña, la guitarra que injustamente no llegó a las manos de quien era desde hacía mucho tiempo el digno ganador de ese galardón el cual solo debe entregarse a figuras destacadas de la cultura del departamento y vaya que Rubito sí lo era y había aportado tanto. Enorme poeta de vasta cultura: poeta, periodista, escritor de larga y destacada trayectoria. Defendió el canto nacional durante 25 años desde su programa "Uruguayísimo" desde radio Vergara, continuando luego en canales de televisión desde Canal 11 Vergara Televisión y Plaza Canal 4 de T y Tres.

Desde radio Patria condujo el programa folklórico "Raíz y Ala" los sábados al atardecer. Escribió para varias revistas. Prologó libros de otros poetas. Participó con sus recitados y sus glosas en canciones y discos de artistas de Treinta y Tres.

Algunas de sus canciones han sido premiadas en festivales nacionales de canción inédita. Publicó ocho libros y hay un noveno en proceso de ser publicado. Su poesía fue premiada en certámenes de distintos países: Uruguay, Argentina, España.

Uno de sus libros, "Porquerías" nos ayuda a ver el mundo y sus porquerías y tal vez a comprender esas injusticias que el hombre comete. Pero como dijo Javier Seugi, a Rubito no le entregaron la guitarra que, vaya si la merecía!, y vaya si se la había ganado con creces!

Pero Rubito fue y es en justicia digamos la guitarra olimareña y seguira siendo en nuestros recuerdos.

Su personalidad tan fuerte, tan única, forjada en mil vivencias, observador y pensador profundo, "difícil de arriar" como dicen los paisanos. Él eligió ser quien fue, ser lo que fue:un hombre íntegro, honesto, leal y fiel a sus creencias. Amigo de sus amigos, humano, sensible, compañero, cómplice y hasta consejero.

Su personalidad, su forma de vida pudo ser muy criticable, cosa que a él le resbaló porque su idiosincrasia, su personalidad excéntrica era propia y la fue forjando sin pedir permisos y a su manera.

Con sus noches luneras, el alcohol, el humo del cigarrillo, siempre un mostrador donde apoyar el codo, a veces en penumbras sin poder atajar el nacimiento de unos versos, de una poesía, de amor, de nostalgias, de desamores.

Su poema "Crucigrama de vida y muerte" define su persistencia en sus creencias.

Para Rubito no existía otra forma de vida que a él le mereciera la pena y se aferró a ella con todas sus ansias, prefiriendo y pregonando a gritos con su comportamiento. Con su maltrato a su vida, que en definitiva era su vida y en ella solo se mandaba el dejando claritamete entendido con su bohemia y su innegociable libertad que prefería "morir vivo a vivir muerto".

Y lo acepté y lo admiré, lo respeté y lo quise entrañablemente y en mi corazón tendrá por siempre su lugar. Vive en mis recuerdos la noche aquella en la cual fui como tantas otras a tomar un café, que él se levantaba de su silla a prepararme apenas me veía en la puerta.

La nube de humo me asfixiaba y los envases de plástico ardiendo en la estufa, cosa de locos, y me lo tomé de hijo pretendiendo retarlo cuando a Rubito nadie se atrevía a hacerlo. Solo me miró un instante y me dijo -Qué, ahora te volviste mi madre?- a lo que le respondí -Jamás nadie podrá ocupar el lugar de tu madre pero sí puedo ser tu hermana porque te quiero como se quiere a un hermano del corazón, porque quiero ayudarte, porque quiero estar siempre ahí cuando me necesites._ Y en aquel rostro primero enojado apareció una mirada y un brillo diferente en sus ojos que me conmovió, porque sentí claritamente que estaba necesitando de esa hermana del corazón que lo contuviera, que fuera y que estuviera cuando él lo necesitara.

Entonces aquella amistad que yo no sabia cómo llamarle, ni sabia si me aceptaba como amiga, pasó a ser un sentimiento más profundo que parecía reventarme el pecho de emoción.

Y esa noche misma me gané al hermano del que también yo necesitaba. Orgullosamente me sentí su hermana mayor, su amiga, su cómplice, guardando secretos confiados con la certeza en la esperanza de que quedarian bien guardados, recordando que varias veces me había puesto a prueba y no le había fallado.

Y él tampoco a mí. Ya no más envases plásticos al fogón, no estando yo, y puertas y ventana abierta cuando había humo del cigarrillo en el comedor.

La casa de Rubito fue siempre el reducto o bastión de todos los artistas nacionales y locales. Su amor por las cosas nuestras, su defensa por el canto nacional, su generosidad sin límites tenía la finalidad de unificar, de mantener vigente el canto nuestro.

Amó su querido lugar, su casa en el Yerbal último bastión de los cantores, con su enorme fogón cercado de piedras con sus brasas ya apagadas y su enorme parrilla, la olla de tres patas, el infaltable mostrador y los carteles con los nombres de los artistas y amigos ya desaparecidos.

Cierro mis ojos y ahí estamos todos con él apoyado en el mostrador, un cigarrillo en una mano y en la otra el vaso de whisky.

Jamás podría yo ni lo haría nadie ocupar el lugar de Rubito porque fue único, inimitable, irrepetible, pero sí podré cumplirle mi promesa de tratar de mantener unidos a nuestros artistas y continuar en mi casa cada tanto con aquellas guitarreadas de las cuales él fue el promotor sabiendo que la poesía, la música, las guitarras y el canto eran el mejor bálsamo para una profunda pena que venía arrastrando.

A él le agradeceré siempre su apoyo en aquellos momentos. A él le agradezco tantos amigos que me trajo. A él le agradezco su poesía y entre ellas la del libro PORQUERÍAS.

Sabio Rubito, mi querido hermano. Tenés razón

Hay gente que pena

y hay gente que da pena

Esta nota es parte de Enero 2026 · Nº 180.

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