Conversación en la terminal
Varias personas aguardan el ómnibus. Resguardándose del sol, pues el calor agobia, se encuentran sentadas en uno de los bancos: una mujer vestida con una blusa y un pantalón negro, un hombre con un portafolio y una chica con auriculares. La espera tediosa les impone entrar en conversación.
La chica de los auriculares: (cantando) “…como una flecha voy por la ciudad sin pulmotor…voy aprendiendo todo sin más que un poco de amor…que suban los telones de mis ganas de reír…que le tapen la boca si se pone a discutir…”
La mujer de negro: No se aguanta la calor. Y hoy la patrona estaba insoportable. Que alcánzame eso, que llévate aquello. ¡Uf! Bueno, yo a veces la entiendo, a mí me pasaría lo mismo. Hay que estar todo el día en un sillón mirando la ventana. Al final, son noventa y cuatro años. No quisiera llegar a esa edad, total para estar así, te lo regalo. Diga que me paga bien, si no… Bueno, es la hija que me paga. Me manda el giro desde Córdoba todos los meses. Es un reloj. Pero nunca viene a verla. Creo que ya hace más de dos años que no la ve. Pero me parece que la patrona tampoco se acuerda de ella. ¡Apenas se acuerda cómo se llama! Fíjese que a veces me dice Etelvina o Maruja o ¡yo que sé! Si yo me llamo Lisandra. Ahora ya la dejé acostada y me vine; no voy a estar todo el día al servicio de la señora. ¡Y con este calor! Por suerte ya el sol se está poniendo y puede ser que refresque algo.
El hombre de portafolio: En realidad eso de que el sol se esconde, no es así. Es al revés. Es la Tierra con su movimiento de rotación la que oculta al sol. Eso todo el mundo lo sabe, pero se insiste, es como más romántico. Lo mismo sucede con las estrellas. No aparecen de noche, las vemos de noche, que es distinto. Siempre están allí. ¡Y que la luna ilumina! La luna no tiene luz propia, es como un espejo, sólo refleja la luz del sol. Es que un mismo fenómeno puede ser percibido de dos modos distintos. Como el tema de la realidad. Me pregunto si la realidad cuando la observamos es igual a cuando no la observamos. Si la realidad que yo observo es igual a la que usted observa. ¿No ha leído a Heisenberg?
La mujer de negro: ¡Qué voy a leer, mijo! Si termino el día muerta. Ahora llego a casa a preparar la cena antes que venga mi marido y me pregunte qué hay de comer. Antes voy a buscar a los tres chiquilines a la casa de una tía, que me los cuida. Después a fregar y lavar la ropa, así mañana, antes de salir, la cuelgo. Termino tardísimo y fundida. ¡Como para ponerme a leer! Lo único que leo es el horóscopo a mi patrona. Todos los días qué se predice para Sagitario. Pero además me hace leer el horóscopo de todos los signos.
El hombre de portafolio: Otra creencia de la gente. Mire si el planeta Neptuno, por ejemplo, va a influir en la vida de un niño que nace el quince de setiembre a las trece y cuarenta, según la hora oficial de un remoto lugar en el mundo. Además, vaya a saber si la hora estaba adelantada. Eso no es entender nada del sistema solar ni de nuestra galaxia, una entre miles de millones, perdida en un rincón de un universo en expansión. Y eso mientras no la trague un agujero negro. Antes se adivinaba en vísceras de animales. Ahora cualquiera hace negocio con eso. Y a esa gente no se les cobra impuestos.
La mujer de negro: No me hable de los impuestos. Ya no saben de dónde sacar plata. Fíjese que a mí me descuentan del sueldo para el Padre Pío. Eso debe ser un arreglo con el Papa, ¿no le parece?
Un hombre de mediana edad pasa hablando por el celular: Sí, Marisa, ¿qué precisás? Ya sabés que estoy de vacaciones en Uruguay y quiero olvidarme del estudio, de los abogados, los fiscales… ¿Cómo? ¿Cuál expediente? ¿El de Corelli? Fijate querida en mi escritorio, sobre la mesa… Sí, ya sé que estás allí… Hay un montoncito de carpetas y entre ellas está la de Corelli… Es una verde… ¡Verde, verde, te digo, no azul! Buscá bien que tu sabés, querida. Tenés que encontrarla, Corelli es todo un caballero. ¿Cómo que no está? Tiene que estar… ya sé que estuvimos trabajando en ella, ya sé… Por eso sé que está allí… ¿Cómo que desapareció? Fijate bien, pasmada… ¡No! ¡¿Cómo que la habrán robado?! Si allí no entra nadie, solo vos, naba. No podés decirme eso. ¡Buscala bien! Decile a Corelli que se vaya a … ¡Y no me llamés más!
La chica de los auriculares: (cantando)…qué podemos hacer si todo sigue como va…hay que reírse un poco que la muerte siempre está…vamos a hablar de algo que nos haga divertir…que de tanta sonrisa la muerte se va a inhibir…
*Canción: “Por la ciudad” – La Vela Puerca
Alberto Tarigo
Esta nota es parte de Febrero 2026 · Nº 181.




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