Eraclio Barrios: Del arado a la estancia
Eraclio Barrios Santana nació el 1 de noviembre de 1899 en el seno de una humilde familia campesina en Guazunambí, Cerro Largo. Desde muy joven se volcó a las tareas rurales, destacándose especialmente como chacrero.

Tras dejar su pago natal, se instaló en el paraje Rincón de Contrera. Allí trabajó duro durante años en las chacras, en tiempos de arado de manceras tirado por bueyes y cosechas manuales de maíz, porotos, boniatos y trigo. Gracias a su esfuerzo y a una voluntad inquebrantable, Eraclio comenzó a adquirir pequeñas fracciones de tierra. Aquellas primeras inversiones marcaron el inicio de una etapa próspera que lo convertiría en un vecino muy querido y respetado.
Quienes lo conocieron recuerdan su particular condición para hacer negocios: si un campo no tenía un espacio apto para la agricultura, no lo compraba. Con gestos enérgicos solía decir: "No, amigo, si su campo no tiene un rinconcito para hacer una chacra, no sale el negocio".
Con los años, sus tierras crecieron. Comenzó a explotar ganado vacuno y lanar, sin abandonar nunca los grandes cultivos de maíz y trigo. Junto a su esposa, Ramona Juárez, levantó un nuevo rancho en Puntas de Fraile Muerto. Eraclio era un hombre extremadamente ahorrativo; aprovechó una época en la que la tierra aún era accesible para consolidar su patrimonio. Más tarde, adquirió una gran casona construida en la cima de un cerro, cerca de su antigua morada. Aquella construcción de paredes anchas y techo de tejas "musleras" aún conserva hoy su estructura original.
A pesar de su creciente fortuna, Eraclio mantuvo su sencillez. Vestía sin lujos y la tradición oral cuenta que, para equilibrar el peso en su maleta, de un lado llevaba el revólver y del otro "la plata".
Sin embargo, su riqueza también le trajo peligros. Eran tiempos de bandoleros, como el temido Ventura Moreira, quien se hacía pasar por revolucionario para reclutar hombres que terminaban degollados en los acantilados. En más de una ocasión, Moreira buscó a Don Eraclio, quien debió entregar grandes sumas de dinero para salvar su vida bajo la excusa de "no ir a la guerra". Para protegerse, solía esconderse en un altillo del boliche de campaña de Ramón Medina, en la Cuchilla Grande, hasta que el peligro pasaba.
La vida también le dio golpes amargos, como la repentina muerte de su esposa en su propio hogar. No obstante, las anécdotas sobre su humildad abundan. Se cuenta que una vez, en una feria en Fraile Muerto, Eraclio estaba sentado en el suelo con un saco viejo y roto. Cuando empezó a pujar por un lote, el rematador no le tomaba las ofertas pensando que era un mendigo, hasta que alguien le advirtió: "¿Por qué no le acepta el pique? Ese viejo es el estanciero Eraclio Barrios".
Don Eraclio falleció el 27 de marzo de 1985. Fue velado en su casa, rodeado de su familia y vecinos. Dejó cuatro hijos (Ceferino, Merciano, Ismenia y Aurelia) y un hijo adoptivo (Jorge Aparicio), quienes heredaron tierras y hacienda.
Sus restos descansan en el cementerio de Fraile Muerto. Curiosamente, en el cementerio rural de Francisco Alvez de Paula existe un panteón con su nombre, pero allí yacen su madre y dos peones. La vieja casona familiar pasó a manos de su hijo Ceferino y luego a su nieta Dolly, quien la habita hasta hoy.
Eraclio Barrios fue un personaje de su tiempo: el hombre que empezó con un arado y terminó como un gran hacendado, demostrando que, como él decía, "la tierra es paridora"


Esta nota es parte de Febrero 2026 · Nº 181.




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