Amalia de la Vega, a un siglo de su nacimiento
El 19 de enero se cumple un aniversario más del nacimiento de una de las voces más dulces y admiradas del cancionero folclórico nacional: Amalia de la Vega. Generalmente, acompañada del conjunto de guitarras de maestro
. , la cancionista arachana, cautivó por casi medio siglo al Uruguay todo, que siempre le brindó el más amplio y cálido respeto. Amalia de la Vega fue su identificación artística, ya que su verdadera nombre era María Celia Martinez Fernández. Dueña de un estilo muy personal, Amalia de la Vega, incursionó en todo el espectro de la canción nativista, interpretando temas desde el Mago Gardel hasta el poeta Fernán Silva Valdés, desde Juana de Ibarbourou hasta Atahualpa Yupanqui. Temas como Manos ásperas, El Lazo, Juana de América, Mate Amargo, A mi rancho, fueron algunos de los cientos de canciones que recorrieron el Uruguay y América en la voz maravillosa de la destacada cancionista.
El periodista e historiador Lincoln Maiztegui Casas, en las páginas de "El Observador", y con motivo de la muerte de Amalia de la Vega, es un conceptuoso artículo estampó estos justos y hermosos conceptos de la cancionista melense, donde describe la calidad de su arte inigualable. "Nadie ha merecido tanto el rótulo de cantante, en toda la esplendorosa amplitud del concepto. Amalia de la Vega no era una mujer particularmente hermosa, ni carismática, ni avasallante de simpatía; no bailaba, no realizaba gestos expresivos con la mano ni con el cuerpo, no procuraba contacto alguno con el público fuera del estrictamente ligado con su mensaje musical. Se paraba frente a un micrófono, teniendo delante de los ojos un papelito con la letra de lo que estaba interpretando, abría la boca y cantaba. Y el mundo, de pronto, parecía algo bello, armonioso y lleno de lógica. Hasta los dolores y las penas de sus canciones parecían sonreír cuando emergían de sus labios".
A su vez la Dra. Sylvia Puentes de Oyenard, en el Boletín de la Asociación Uruguaya de Literatura Infantil, y con motivo de su fallecimiento, entre otros conceptos escribió: "…Quienes crecimos con la belleza vocal de Amalia de la Vega y nos compenetramos de su ética por la estética, nos sentimos deudores de su legado, el que deberíamos mantener para las próximas generaciones. Lograr un C- D Room con sus canciones sería una iniciativa importante y somos conscientes que el dibujante Arotxa ya tenía pronta esa selección. Se lo debemos y nos lo debemos".
María Celia Martínez (Amalia de la Vega), había nacido en Melo el 19 de enero de 1919. Desde muy jovencita se destacó como cantante dentro del género popular, aunque en sus comienzos cultivó el clásico. Dentro del folclore nacional uruguayo, transitó a través de piezas musicales tales como milongas, cifras, estilos, huella, vidalitas, canciones, etc. Su debut artístico se produjo en las fonoplateas de las radios Carve y El Espectador, con el acompañamiento del piano de Beba Ponce de León. Dada la calidad de su voz pronto se ganó un lugar destacado dentro de las luminarias del momento, no solo en nuestro país sino en toda Latinoamérica. Realizó varias giras artísticas por el interior de nuestro país, pero además por Brasil, Argentina y Chile, siempre con el acompañamiento de guitarras criollas, que ella misma tocaba de oído, para musicalizar poemas de compositores de la talla de Juana de Ibarbourou, Fernán Silva Valdés y Tabaré Regules, entre otros. Grabó más de centenares de temas en discos de 78 rpm. y long play "33" rpm. para los sellos discográficos del momento: Antar, Sondor, Orfeo, Telefunken. En algunas de esas placas cantó acompañada por el Mtro. Federico García Vigil, y otras por el pianista Walter Alfaro.
La opinión de otros calificados artistas del género, tienen mucha importante para enterarnos cómo la veían sus colegas. Por ejemplo Atahualpa Yupanqui dijo que "su voz era como el sonido que parece surgir desde las entrañas de la madre tierra, con la autenticidad de los grandes artistas". Alfredo Zitarrosa por su parte la consideraba "la cantante número uno de todas las épocas".
A la vez, su pensamiento hacia otros artistas que pudieron influir en su estilo, ella siempre manifestó que: "…Para mí la única voz es la de Gardel y lo seguirá siendo. ¡Una maravilla! En mis desvelos – confesaba – pongo la radio y siempre lo estoy escuchando". Amalia de la Vega falleció en Montevideo el 25 de agosto de 2000.
Hacía más de 15 años que se había retirado de los escenarios, resistiéndose a "volver a cantar". Lincoln Maiztegui Casas, en ese triste momento de nuestro canto, escribió en las páginas de "El Observador": "…se apagó para siempre la voz de Amalia de la Vega. Discretamente como le gustaba a ella; la noticia pasó casi desapercibida, extraviada en medio del mare magnun de accidentes, datos económicos de la coyuntura, crípticas reuniones de cúpulas políticas y resultados deportivos. Tenía 81 años, una buena edad para morirse evitando la decrepitud y la conmiseración. Quien la conoció bastante, como el autor de estas líneas – escribe Maiztegui Casas – sabe que así quiso siempre transitar desde esta tierra a la otra, a la de la leyenda y la inmortalidad; habiendo vivido bastante, pero no demasiado. Sin muchas alharacas ni golpes en el pecho, con la espartana sencillez con la que concibió la vida y el arte." Desde el día de su nacimiento han transcurrido 107 años.
Esta nota es parte de Enero 2026 · Nº 180.




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