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Cultural

La paradoja habitacional de Treinta y Tres

Por · agosto 13, 2026

Doctorando en Estudios Urbanos por la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Argentina.

Especialista en Estudios Urbanos e Intervenciones Territoriales por la Facultad de Ciencias Sociales (FCS), Universidad de la República (UDELAR).

La paradoja habitacional de Treinta y Tres: casas deshabitadas y familias sin vivienda adecuada

El Censo 2023 reveló una realidad contradictoria: mientras más de una de cada cuatro viviendas en el departamento está vacía, casi dos de cada diez hogares viven con carenciashabitacionalesbásicas.

Un estudio reciente advierte que el problema no es la cantidad de casas construidas, sino las condiciones sociales y económicas que impiden habitarlas.

Un techo que no alcanza

Treinta y Tres siempre se ha distinguido por su impronta rural, moldeada en gran medida por la producción arrocera y por una vida íntimamente ligada al trabajo de la tierra. Sus sierras onduladas, praderas extensas y ríos refuerzan una identidad profundamente arraigada en lo agrícola y lo comunitario. Sin embargo, esa ruralidad que constituye uno de los mayores orgullos del departamento convive hoy con un fenómeno urbano y social cada vez más visible: la dificultad creciente de buena parte de la población para acceder a una vivienda adecuada y habitable.

La capital departamental concentra la mayoría de los habitantes, aunque miles de personas viven en localidades pequeñas o en áreas rurales dispersas. El Censo 2023 confirma una tendencia que preocupa: actualmente residen en el territorio 47.706 personas, casi un 6 %menos que en 2011. La población envejece, los jóvenes emigran en busca de oportunidades y los hogares se reducen en tamaño, lo que transforma la dinámica social y repercute directamente en el acceso a la vivienda.

Esa realidad se percibe con solo caminar por las callesde la capital departamental y otras ciudades y pueblosdel departamento. Barrios que van perdiendo vecinos muestran casas cerradas desde hace años, techos que se desploman y fachadas que se deterioran sin que nadie las reclame. Al mismo tiempo, a escasa distancia, familias enteras sobreviven en viviendas precarias, con materiales improvisados, espacios reducidos y servicios básicos insuficientes.

La contradicción se hace palpable en la vida cotidiana: vecinos que dejan atrás viviendas que pronto se convierten en ruinas; adultos mayores que permanecen en soledad en casas demasiado grandes y costosas de mantener; jóvenes que, aun con empleo, no logran alquilar ni acceder a un crédito; madres solas que crían a sus hijos en piezas de pocos metros, mientras a la vuelta de la esquina una vivienda permanece tapiada.

Los números respaldan esa paradoja. Treinta y Tres cuenta con 25.733 viviendas frente a 19.877 hogares. En otras palabras, sobran casi siete mil casas.

Fuente: INE, 2023

Pero esa abundancia aparente no se traduce en bienestar: el 17,8 % de los hogares sufre problemas habitacionales graves, ya sea por hacinamiento, materiales precarios, falta de saneamiento o inseguridad en la tenencia. La paradoja es clara: el techo existe, pero no está al alcance de quienes más lo necesitan.

Fuente: INE, 2023

“Es una paradoja difícil de aceptar. Hay más viviendas que familias, pero muchas personas siguen sin poder acceder a un techo digno”,afirma el investigador en estudios urbanos Diego Duarte, autor del informe que sistematiza esta situación.

Viviendas vacías: un fenómeno estructural

La tasa de vacancia (viviendas vacías) en Treinta y Tres alcanza al 26,8 %, muy por encima del promedio nacional (19,5 %) y hasta cuatro veces superior a la de Montevideo (9–10 %). Lo más llamativo es que aquí no se trata de residencias de verano, como ocurre en Maldonado o Rocha. En este caso, las casas vacías están desocupadas por abandono, herencias sin regularizar, deterioro físico o simplemente falta de demanda local.

El fenómeno tampoco es coyuntural. Desde 2004, el parque habitacional creció mucho más rápido que la cantidad de hogares. Esa diferencia se amplió en las últimas décadas y consolidó una brecha estructural.

Fuente: Censos 2004, 2011, 2023 (INE)

Las consecuencias son visibles: barrios que se deterioran por la falta de ocupación, infraestructuras urbanas subutilizadas y una creciente fragmentación social. Una vivienda vacía no es solo una casa cerrada: es un espacio que pierde valor, genera sensación deabandono y debilita el tejido comunitario.

Hogares más pequeños, ingresos más débiles

Otro de los factores que explica esta contradicción es la transformación de la estructura de los hogares. Un tercio de ellos es unipersonal y casi otro tercio está compuesto por dos integrantes. Las familias numerosas son minoría. El envejecimiento poblacional, la migración de los jóvenes y la fragmentación familiar derivaron en una demanda de viviendas más pequeñas y flexibles, algo que la oferta inmobiliaria no siempre logra satisfacer.

Fuente: Censo, 2023.

Fuente: Censo, 2023.

A la transformación demográfica se suma un escenario económico adverso. Entre marzo y mayo del presenteaño, la tasa de desempleo en Treinta y Tres llegó al 16,5 %, la más alta del país. A los bajos salarios se agrega la informalidad laboral, lo que limita el acceso a créditos, garantías y posibilidades de alquilar o comprar una vivienda.

“Construir más casas no alcanza si la gente no tiene cómo habitarlas. El problema no es lacantidad, sino la posibilidad real de apropiarse de ese espacio como hogar”,subraya Duarte.

Cuando la oferta no encuentra a la demanda

El estudio define esta contradicción como un desajuste estructural: existen viviendas disponibles, pero no responden a las necesidades reales de la población.

Las razones son múltiples: precios inaccesibles para los sectores populares, viviendas que no cumplen con estándares mínimos de calidad, localizaciones sin servicios básicos, o tenencias irregulares que generan inseguridad jurídica.

Ese desajuste produce exclusión habitacional. Jóvenes que quieren independizarse, madres solas con hijos, adultos mayores o trabajadores con ingresos inestables son los que más sufren. Para ellos, el parque de viviendas vacías no es una oportunidad, sino un recordatorio de las barreras que enfrentan cotidianamente.

¿Qué se puede hacer?

El informe plantea que el debate sobre vivienda debe dar un giro: en lugar de enfocarse exclusivamente en la construcción de nuevas casas, se debe aprovechar el stock ya existente.

Algunas de las medidas propuestas son:

Incentivos fiscales para que las viviendas vacías ingresen al mercado de alquiler o venta.

Tributos diferenciales que desestimulen la retención especulativa de inmuebles.

Programas de refacción con subsidios y asistencia técnica para familias vulnerables.

Recuperación de casas abandonadas mediante convenios entre el Estado, cooperativas y organizaciones sociales.

Creación de un banco público de tierras y un observatorio habitacional departamental que produzca información confiable para planificar en materia de políticas de vivienda y hábitat.

Estas acciones, sostiene Duarte, no solo ayudarían a reducir la vacancia, sino que también permitirían dinamizar barrios, mejorar la calidad de vida y garantizar un uso social de la vivienda.

Un desafío que trasciende a Treinta y Tres

Lo que pasa en Treinta y Tres es apenas la punta del iceberg de una situación que se repite en muchas ciudades intermedias del interior del país. El contraste entre viviendas vacías y hogares con carencias plantea la necesidad de repensar las políticas habitacionales más allá de la construcción de nuevas unidades. El rol histórico de MEVIR en el medio rural, la expansión del movimiento cooperativo en ciudades intermedias y los incipientes programas de alquiler social y subsidios para compra de vivienda nueva y usada impulsados por el Estado muestran que existen caminos alternativos. Sin embargo, el diagnóstico evidencia que se requieren políticas más integrales, capaces de articular estos instrumentos y adaptarlos a las realidades territoriales para garantizar un acceso efectivo y equitativo a la vivienda en todo Uruguay.

“El derecho a la vivienda no se mide en cifras de construcción, sino en la posibilidad concreta de habitar dignamente”,resume Duarte. Y concluye: “Cada casa vacía en un barrio con familias que necesitan techo es una oportunidad perdida. El desafío no es solo del Estado: también de la sociedad, que debe asumir que cada vivienda ociosa en un territorio con carencias es un recurso desaprovechado, y que su recuperación es una responsabilidad compartida si queremos construir comunidades más justas y cohesionadas”.

Esta nota es parte de Enero 2026 · Nº 180.

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