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Cultural

De bicicletas y amor a primera vista

Por · agosto 13, 2026

De bicicletas y amor a primera vista

Sr Jefe Político

Trajeron al pueblo, recientemente ingresado al país, un aparato al que llaman bicicleta y como no podía ser de otra manera como todos estos inventos tecnológicos redundan en una alteración de la paz y el orden.

Resulta ser que al hijo menor del querido estanciero don Vicente Santibáñez –Rosendito- le compraron una de esas y se pasaba dando vueltas a la plaza, perseguido por un escándalo de ladridos de cuscos garroneros y gurises chicos a los gritos que no dejaban sestear a los vecinos.

No se la prestaba a nadie, pero el arrojo y la valentía con que se desempeñaba en el prototipo lo puso en el centro de las miradas femeniles y se ennovió con una hermosísima jovencita a quien no le pudo decir que no y la comenzó a instruir en el uso del vehículo.

La subía al bi-rodado, la equilibraba tomando el asiento, la hacía pedalear, la sostenía un trecho, la soltaba y ella partía en un temblequeo de cuneta a cuneta.

Al final se largó solita en un rodamiento rectilíneo y parejito por la calle Marcelo Barreto… la bajada que va desde el banco hasta la pulpería de Doña Belmiria en la calle José Artigas.

A medio trecho el viento le levantó la polleras y las enaguas , cubriéndole la cabeza y siguió al tanteo hasta que al cruzar la calle mencionada atropelló la diligencia que ingresaba a todo trapo proveniente de Treinta y Tres.

Con el impulso dio un salto mortal triple y quedó perfectamente sentada en el pescante pegadita al conductor que iba sosteniendo las riendas.

Era el hijo del mayoral Patricio Pereira, un muchacho musculoso, alto, piel canela tostada por el sol y la brisa del camino, ojos de un celeste intenso , pelo melena lacio chuzo que le volaba al viento, dientes de un blanco mate que parecían perlas.

Se miraron como encandilados, y una electricidad les sacudió el cuerpo, como le paso a mi mujer cuando quedó pegada en la manija de la heladera.

Cuando dobló en la esquina del Hotel Criollo, el le propuso matrimonio, frente a La Montevideana media cuadra mas adelante, ella le dio el si.

El, en vez de frenar frente al Correo para bajar pasajeros , encomiendas y cartas, se detuvo un poquito mas allá, delante de la iglesia; bajaron, el cura los declaró marido y mujer y diez minutos mas tarde partían de luna de miel rumbo a Jaguarao.

Mientras eso ocurría, Rosendito, ignorante, recogía la descalabrada bicicleta, se la llevaba al herrero Gurruchaga, al que le hizo guardia tres días en el taller, esperando que se la dejara a nueva.

Una vez reparada a fragua y martillo, cuando fue a visitar a su novia no solo para interesarse por su salud, sino para volver a largarla en la bajadita de la calle Marcelo Barreto, se enteró de la noticia.

Sin mas lo saludo atentamente

El Comisario de Vergara.

PD: FELIZ AÑO NUEVO DONDE SEGURAMENTE NOS ENCONTRAREMOS CON MAS NOVEDADES. Mientras tanto no se olviden que en el libro PARTES POLICIALES CENTENARIOS, hay 60 relatos tan reales e increíbles como este y si pasan por Librería El Faro los van a descubrir.

Esta nota es parte de Enero 2026 · Nº 180.

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