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Cultural

Doña Jacinta Silva

Por · agosto 14, 2026

Doña Jacinta Silva

DOÑA JACINTA SILVA, LA MUJER DE TREINTA Y TRES QUE VIVIÓ 112 AÑOS Y PODÍA CONTAR SU HISTORIA

En el año 2013 escuchando en Radio Patria el programa Rueda del domingo, conducido por el director de dicha radio, Roberto Ortiz, más conocido como el Tigre, que había dejado como remate final para su programa una entrevista telefónica con una mujer rural, afrodescendiente de 109 años, oriunda de Rincón de Gadea con residencia en la capital.

En anteriores programas desde el año 2010, a sus 106 años ya había sido entrevistada Doña Jacinta, siempre vía telefónica.

Pero la charla de aquel Domingo tengo entendido fue el punto inicial de una campaña realizada desde ese mismo programa que concita el interés de gran parte de la población treintaitresina y más allá de las fronteras de nuestro departamento, involucrados en la misma surgieron personas, más que nada del medio rural, de Rocha y Maldonado.

Palabras de la propia Doña Jacinta fueron narrando una historia de vida llena de trabajo y sacrificios de los cuales ella se sentía agradecida y orgullosa.

Nacida el 15 de Julio de 1904 en el Avestruz a sus 109 años y con una claridad admirable fue contando episodios de su larga trayectoria como mujer trabajadora y cumplidora, cumplidora siempre, sin importar las dificultades que se le pudiesen presentar. Y acá cabe destacar el testimonio, entre tantos que se encuentran en el video realizado con el título de Jacinta Silva subido a internet por quien lo realizó, testimonio que conmovió a los oyentes y fue el de la esposa y el de la hija de Nené Conde. Jacinta trabajó como lavandera, como doméstica en las estancias de la zona y como cocinera y auxiliar de servicio de la Escuela Número 29 de Rincón de Gadea.

Se la llamaba desde la estancia de Nené Conde y ella acudía siempre puntual con su responsabilidad habitual. Ambas mujeres recordaban a Jacinta con gran respeto y cariño, como guapa, prolija y cumplidora porque ni siquiera el arroyo en sus crecidas la detuvo, cruzaba el arroyo en bote y cumplía porque ella, jamás faltaba.

Escuchar su historia era conmovedor, afloraban en sus palabras sus recuerdos, claritamente, tan bien conservados asombrosamente. Se había casado con Don Claudio González y tuvieron 9 hijos. Eran gente de respeto y muy queridos, Don Claudio trabajó como esquilador, lo recuerda la gente de la zona, hasta los noventa y pico de años, pero tenía además una hermosa huerta en la cual también colaboraba ella.

A los 103 años fallece Don Claudio y aquella mujer ya mayor para mantenerse continúa lavando ropa de los peones de las estancias. Sus vecinos la recuerdan muy bien atravesando los dos kilómetros de campo entre los pajonales apoyándose en un palito como bastón cargando la maleta con ropa de los peones llegando al arroyo con sus 85 años hasta los más crudos días de invierno.

Cuatro de sus hijos vivían en la capital y acá juegan un rol preponderante dos de los hijos que aún vivían, el mayor de más de setenta años, Francisco y la hija menor Florita y es esta quien acude a Treinta y tres en búsqueda de su madre y se la lleva a vivir a la vivienda de Piedras Blancas con Francisco. Este contaba con una exigua jubilación de soldado retirado trabajando además como sereno en una fábrica para poder además cumplir con las cuotas de la vivienda que aún estaba pagando.

Difícil se le hacía a los oyentes poder comprender por qué aquella mujer que había vivido una vida de trabajo y sacrificio trabajando incluso para el estado no contaba ni siquiera con una pensión. Y así fue que a través de la Rueda del Domingo su conductor comenzó a golpear puertas apelando al interés que había despertado en los oyentes logrando rápidamente el eco en la campaña y en la ciudad donde se buscaba la forma de aliviar de alguna manera la situación económica de aquella familia. Y no fue necesario insistir ya que rápidamente el pueblo respondió, todos querían colaborar organizando una colecta en la cual cada ciudadano aportaba lo que podía; Los mismos aportes eran rotativos para los colaboradores dado que no todos los meses se aceptaba la colaboración de las mismas personas siendo cuanto cada uno podía y cuando. El Vasco Ferreira desde Lascano, Chola la Guardia, Roberto Jara y mucha gente más iniciaron la colecta, cabe destacar además la participación voluntaria de dos niños que aportaban sus veinte pesos cada uno y querían hacerlo mes a mes.

Todo el dinero recibido era registrado en una planilla y enviada junto con el dinero a sus destinatarios. La historia de esta maravillosa mujer tuvo varias repercusiones. Desde Maldonado escuchando Montecarlo el dueño del restaurante La Balanza de nombre Alberto se interesó por esta historia, quiso conocer a Doña Jacinta concurriendo a su hogar y en el mismo con escribano llevado por él se labra un acta donde esta persona decide aportar su colaboración de diez mil pesos mensuales.

Por ese entonces el Doctor Edgardo Mier (El Garufa) entendió y creyó urgente y necesario desde su posición de diputado por el Partido Blanco llevar a cabo los trámites necesarios en pos de lograr al menos una pensión graciable porque al igual que todos quienes conocían la historia consideraban que era plenamente merecedora de ella.

La gente decide recabar firmas para el logro de la misma y desde el mismo programa en radio Patria surge la necesidad de aportar testigos y estos existían, vaya que sí, auténticos, con los mejores recuerdos,

la valoración, el respeto, la admiración y el cariño que ella supo ganarse. El doctor Edgardo Mier concurre a la casa de Piedras Blancas a conversar con la familia. Doña Jacinta y el recordaron haberse conocido en la escuela donde ella trabajaba habiendo sido la madre del doctor maestra en la misma y el doctor siendo alumno en sus primeros años escolares.

Fueron tantas las idas y venidas del doctor Mier, tantas sus entrevistas con las autoridades del gobierno en la Capital, tal el anhelo en su lucha por el logro de aquella pensión graciable cuya espera concitaba el interés de todos que en ningún momento cedió en su intento. Mientras tanto en Treinta y Tres, Rocha y Maldonado a solicitud del señor Roberto Ortiz, el Tigre, no solo se inicia una recolección de firmas incluso hasta en Montevideo sino también una recolección de testimonios que no solo se recabaron en Treinta y tres, en el poblado de Rincón de Gadea con los pocos habitantes que ya quedaban, sino que también hubo que trasladarse a Montevideo por el testimonio de la maestra Olga Zuluaga.

Era Doña Jacinta una mujer muy sana tomando como única medicación una pastilla para la circulación cerebral que indudablemente era sumamente efectiva. Durante cuatro años varias fueron nuestras visitas a su hogar de las cuales nació una linda amistad y hasta causaba placer verla comer sus alimentos favoritos: Un guiso de porotos con charque y chorizo, una mulita asada, un guiso de arroz con charque, huevos de ñandú y sus solicitudes eran atendidas porque ella sabía cómo conquistar el corazón de la gente.

Con mi esposo y Anabel de radio Patria fuimos invitados a su cumpleaños n° 110 y luego concurrimos a los festejos de sus 112 años con la visita de la prensa de canal 10 cuya periodista al entrevistarla no podía salir de su asombro por la prodigiosa memoria sobre su vida pasada y sobre aconteceres de días anteriores incluidos programas que miraba en la tele. Para ese momento el esfuerzo de tanta gente, encabezado por el director de Rueda del Domingo y con el aporte fundamental y la colaboración decisiva del doctor Edgardo Mier había dado su fruto. Aquella denodada lucha había llegado a su fin satisfactoriamente ya que al fin en el mes de mayo a dos meses de cumplir sus 112años decide el gobierno concederle la pensión graciable de unos trece mil pesos y algo más creo que $13.600. Inmediatamente sus hijos Francisco y Florita avisan al señor Alberto, de Maldonado, la agradeciéndoles infinitamente por aquel aporte que el señor les hacía llegar mes a mes. Fue justamente dos meses antes de cumplir sus 112 años que el gobierno le otorgó la tan esperada pensión que logró cobrar solamente dos veces ya que ella a raíz de un accidente doméstico, una caída en el mes de mayo sobre la cual los médicos advirtieron que aquel accidente cambiaría muchas cosas en la vida de Doña Jacinta por el daño que aquella caída seguramente podría traerle dados sus años

Doña Jacinta sin señales de estar afectada por aquel accidente festejó sus 112 años con la claridad de siempre y el 29 de Julio falleció, tras dejarnos un tremendo ejemplo de vida y una trayectoria gloriosa para el recuerdo.

Esta nota es parte de Febrero 2026 · Nº 181.

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